Nuestro Porqué
Nunca dejará de asombrarnos la naturaleza caritativa de la niñez, no adulterada por la mezquindad aprendida con los años. El niño no razona que le falta algo como motivo para no dar a quien lo necesita. Aun cuando tiene poco, no deja de ofrecer al que tiene menos. Tal vez por eso, Jesucristo dijo que para entrar en el Reino de los Cielos, debemos tener el corazón como el de un niño.
La sociedad a menudo percibe la pobreza como parte normal de la vida, lo que puede atenuar nuestro sentido de urgencia para abordar este problema crítico. Lo que resulta aún más desolador es que los niños son los más vulnerables, pues se encuentran en las calles o son obligados por sus padres a buscar sustento en condiciones sumamente adversas. Estamos decididos a marcar la diferencia, convencidos de que incluso una sola gota de agua puede generar ondas de cambio en este vasto océano de indiferencia, encendiendo la esperanza e inspirando a la acción. Nuestro Ministerio nos inspira un profundo compromiso de reflejar el corazón de Dios en cada niño al que servimos. Creemos que cada niño —independientemente de sus circunstancias— posee un valor y un propósito intrínsecos.

Nuestra historia
Comenzó con el anhelo de una madre por ayudar a los niños que sufren una vida cruel en las calles de su país de origen, y se convirtió en una misión para brindar esperanza a niños desamparados. Niños de la Calle es un ministerio que busca ayudar a millones de niños en todo el mundo que se ven obligados por la pobreza a sobrevivir en las calles de las ciudades sin un hogar al que ir.

El sueño se consolidó en 2001 como un pequeño viaje misionero a Ecuador, donde se entregó ropa, calzado, juguetes y artículos de aseo personal a 500 niños en situación de pobreza; artículos esenciales que muchos estadounidenses a menudo dan por sentados. A lo largo de los años, hemos visitado a niños en Ecuador, Guatemala, en la frontera entre México y Estados Unidos y en Nepal. Este ministerio aspira a crecer y a viajar a otros países igualmente empobrecidos para llegar a los niños del mundo que no conocen otra realidad que la de una vida dura en las calles.
"Niños de la Calle" es una organización sin fines de lucro que depende exclusivamente de las generosas donaciones de quienes desean cambiarles la vida a estos niños. Nuestro ministerio tiene sus raíces en la presencia y la obra del Espíritu Santo —y se ve fortalecido por ellas—; Él guía nuestra misión, vigoriza nuestros esfuerzos y propicia un cambio duradero en la vida de los niños a quienes servimos.
Por favor, tómese el tiempo para considerar detenidamente los beneficios intrínsecos y significativos de donar a una misión como esta y haga su contribución. ¡Cualquier cantidad puede ser una bendición para un niño! Tanto usted como los niños a los que ayude cambiarán para siempre. Gracias por escuchar nuestro llamado de ayuda. Esperamos que decida embarcarse en este viaje en favor de los niños de la calle de todo el mundo.
Visión
Llevar la esperanza de Cristo a una niñez desamparada y abandonada, satisfaciendo sus necesidades básicas y presentándoles a Aquel que provee a la perfección.


Misión
Alcanzar a una niñez perdida en las calles con un amor tangible que refleja la esperanza y el amor eternos que nos brinda nuestro Salvador Jesucristo.
Valores
Estamos comprometidos a servir a los niños vulnerables con justicia, dignidad y amor, ayudándoles a descubrir su valor, experimentar la paz y caminar en una alegría duradera mediante el poder del Espíritu Santo.
Justicia
Buscamos interceder por los niños vulnerables en un mundo donde muchos han sido ignorados o maltratados.
Dignidad
Honramos a cada niño como ser creado a imagen de Dios, tratándolo con respeto, compasión y cuidado.
Valor
Afirmamos que cada niño es profundamente amado y valorado, ayudándolo a reconocer su identidad en Cristo y su potencial más allá de su situación actual.
Paz
Nos esforzamos por mostrar a los niños que pueden experimentar la paz en medio del caos mediante el poder del Espíritu Santo.
Alegría
Cultivamos momentos de esperanza para ayudar a los niños a comprender que la alegría no es la ausencia de dificultades, sino que puede hallarse en cualquier circunstancia a través del desbordamiento de una vida que camina con Jesús.
Generosidad
Entregamos libremente nuestro tiempo, recursos y amor, reflejando la gracia abundante de Dios para satisfacer, con las manos abiertas, tanto las necesidades prácticas como las espirituales.

